Una guía práctica para RR. HH. y responsables de formación: desde la detección de necesidades y las pruebas de nivel hasta la organización de grupos, los objetivos, el seguimiento y la evaluación.
Solicitar una propuestaOrganizar formación en idiomas para una empresa no consiste simplemente en elegir un curso, formar grupos y fijar un horario.
Cuando intervienen distintos departamentos, niveles, puestos de trabajo y necesidades profesionales, una decisión aparentemente sencilla puede convertirse rápidamente en un proyecto de formación que requiere planificación.
¿Quién necesita realmente el idioma? ¿Qué nivel tiene cada participante? ¿Conviene organizar grupos o formación individual? ¿Todos necesitan trabajar los mismos contenidos? ¿Cómo puede saber la empresa si la formación está dando resultados?
Un buen plan de formación lingüística debería responder a estas preguntas antes de que empiecen las clases.
A partir de esa respuesta es posible diseñar una formación mucho más coherente con la realidad de la organización y utilizar mejor el tiempo y la inversión destinados al aprendizaje.
6 pasos para crear un plan de idiomas que tenga sentido para la empresa
El objetivo es pasar de una necesidad general —«necesitamos mejorar el inglés»— a un programa con participantes, objetivos y resultados claramente definidos.
Detectar las necesidades reales
El punto de partida no debería ser el catálogo de cursos, sino la empresa. Conviene identificar qué departamentos utilizan el idioma, con quién se comunican y en qué situaciones aparecen las principales dificultades.
Evaluar el nivel de los participantes
Dos empleados pueden necesitar inglés para su puesto y, sin embargo, partir de niveles muy diferentes. Una evaluación previa permite crear grupos más homogéneos y evitar diferencias que dificulten el progreso.
Definir objetivos profesionales
«Mejorar el inglés» es demasiado amplio. Participar con seguridad en reuniones, presentar resultados, negociar con proveedores o escribir emails profesionales son objetivos concretos sobre los que sí puede diseñarse un programa.
Elegir el formato adecuado
La formación en grupo resulta eficiente cuando los participantes comparten nivel y objetivos. La formación individual puede ser más adecuada para directivos, perfiles con necesidades específicas o profesionales con horarios complejos.
Diseñar contenidos conectados con el trabajo
Reuniones, presentaciones, llamadas, negociación, comunicación con clientes o equipos internacionales: cuanto más relacionado esté el aprendizaje con situaciones reales, más fácil será trasladarlo al puesto de trabajo.
Realizar seguimiento y evaluar
La empresa debería conocer la asistencia, participación y evolución de los participantes y disponer al final del programa de información que permita valorar resultados y decidir los siguientes pasos.
Antes de pedir presupuestos, conviene responder a estas preguntas
Cuanta más información exista al inicio, más precisa podrá ser la propuesta formativa.
- ¿Qué idioma o idiomas necesita la organización?
- ¿Cuántas personas participarán aproximadamente?
- ¿Qué nivel tienen actualmente?
- ¿Para qué utilizan el idioma en su trabajo?
- ¿Qué deberían ser capaces de hacer mejor?
- ¿Comparten todos los participantes las mismas necesidades?
- ¿Qué disponibilidad horaria existe?
- ¿La empresa quiere bonificar la formación mediante FUNDAE?
No es necesario que RR. HH. tenga todas las respuestas desde el primer momento. Parte del trabajo de un proveedor especializado debería ser precisamente ayudar a convertir una necesidad general en un plan formativo concreto.
Comprar clases no es lo mismo que diseñar formación
La diferencia no está únicamente en el profesor o en el número de horas, sino en cómo se construye el programa desde el principio.
Adaptar los empleados al curso
Se crean grupos únicamente por nivel, se sigue un programa estándar y se mide principalmente el número de horas realizadas.
Adaptar el programa a la empresa
Se analizan perfiles, niveles y situaciones profesionales y se diseñan objetivos, contenidos y seguimiento a partir de las necesidades reales de la organización.
¿Cómo saber si el plan está funcionando?
El número de horas impartidas aporta información administrativa, pero por sí solo no indica si la formación está cumpliendo su objetivo.
Conviene observar también la asistencia, la participación, la evolución lingüística y, especialmente, el progreso respecto a los objetivos definidos al inicio.
Si uno de los objetivos era que un equipo participara con mayor seguridad en reuniones internacionales, por ejemplo, la evaluación debería tener en cuenta precisamente esa capacidad comunicativa.
Lo mismo ocurre si la necesidad inicial era realizar presentaciones, negociar con proveedores, atender clientes internacionales o redactar comunicaciones profesionales.
La formación tiene más valor cuando la empresa puede relacionar lo que se trabaja en clase con lo que sus profesionales necesitan hacer fuera de ella.
¿Puede bonificarse un plan de idiomas mediante FUNDAE?
La formación en idiomas puede ser bonificable mediante el crédito anual de formación disponible para las empresas en España, siempre que la empresa y la acción formativa cumplan los requisitos aplicables.
Por eso, si la organización prevé utilizar su crédito de formación, es conveniente tenerlo en cuenta desde el momento en que se diseña el programa.
Conocer nuestra formación para empresas¿Está preparando el plan de formación lingüística de su empresa?
No necesita tener el programa diseñado. Cuéntenos qué necesita su organización y analizaremos participantes, niveles, objetivos y necesidades para preparar una propuesta adaptada.














